20 años no son nada.
Despierto. Abro los ojos y me contemplo. ¿Qué me pasa? ¿Dónde estoy? Esta habitación me suena, pero no es la mía. Estoy sólo en la cama y... miro al espejo y veo a alguien que pareceque soyyo. ¿Dónde están mis canas? Estoy algo más delgado, pero no curtido. De pronto suena el timbre. Abre la puerta ¡Salva! cielos, hace 18 años que no lo veía. Sin inmutarse dice: Carlos, son tus colegas de filosofía.
¡Dios! Son J.A., Pedro y Arturo. Sin tiempo a reaccionar, exclaman ¿Qué haces en la cama a las 10? Vístete, gandúl. Ahora lo comprendo. Alguien me está dando una segunda oportunidad.
Automáticamente digo ¿A las tascas? Donde si no, mamonazo, replica J.A. tan romántico como siempre. Me visto con un ¡jersey de cuello alto de color marrón! ¿Pero eso me ponía yo entonces? Quiero mi camisa azul Ralph Lauren!
Llegamos al primer antro. Aún recuerdo el ritual. Digo a voz en grito: Ball, Ball, Ball, Ballantine ¡hoy invito yo! Mis colegas no se lo creen, les aseguro que esta noche todo corre de mi cuenta. Ya recuerdo, no existe el botellón. El sexto whisky fue en el sexto lugar donde entramos. Ahí estaba Anita, pero no quise entrarle, nunca me gustó acercarme a las tías estando pedo.
Mis amigos se han apuntado a un gimnasio que tiene convenio con la Universidad. Me convencen. Estoy rodeado de niñatos y pavitas. Me quito la parte de arriba del chandal y me quedo T-shirt. J.A., con su habitual sutileza dice: cabrón, tienes músculos hasta en el carnet de identidad. Si, aún recuerdo la rutina de las pesas. Press banca, primero 70, luego 80, 90, 100, 110 kgs, sentadillas, lo mismo. Llego a 100 y paro. No recordaba si mis gemelos resistirían.
Voy a la caza. Mismo ritual. A la más guapa le entro: ¿Quieres que te enseñe las rutinas? Como los monitores siempre pasan, ahí que voy con ella. Me paso la hora con ella. Ya es mía.
Semana grande. Llega Pink Floyd a Madrid. El concierto de mi vida. Al oir en vivo "Shine on you crazy diamonds" creía que moría de gusto ahí mismo.
Volvemos a salir. Me acuesto a las 6. Me levanto a las 7,15. Al día siguiente me acuesto a las 6,30. Me levanto a las 7,30. Genial. Llego tarde al trabajo. 2 horas dormidas en dos días. Eureka.
Semana siguiente. Arturo tiene novia. La hermana de ésta llega desde Albacete a estudiar psicología. Está que se cae de buena. Es una presa fácil. Arturo se cabrea conmigo. La hermana está mucho mejor que su novia. Rollo pasajero.
Llega el viernes. Vuelvo a Cartagena. Esa noche me resisto a salir. Le digo a mamá que les cuente a los colegas que estoy malo.
Sábado noche. Quedamos. J.A. me dice que ha conocido a una chica que trabaja en un hiper de contable. Sus 3 amigas también trabajan con ella. Me dice: Una es M.J. Creo que fue tu primera novia.
En efecto, M.J. una chica mona, rubia y mona. Mi primer beso fue con ella, pero la cosa no duró mucho. Yo era muy pavo y ella quería algo más.
Llega la cita. Desde lejos, J.A. dice. como está esa tía, está que le levanta la picha a un muerto! Más fino que el coral.
Se gira. Es M.J. Es, pero no es. Gira su cabeza, su rubia melena al viento brilla como el sol, me sumerjo en la miel de sus ojos. Caigo fulminado por un rayo.
Es otra mujer. Es imponente, espectacular. Mis amigos babean ante ella, me reconoce, dice: hombre, Carlos, hace cuanto que...
De repente, surge la voz: PUEDES CAMBIAR TU FUTURO. APROVECHA. VUELVE LA VISTA ATRÁS. BALLANTINE, MUJERES, CONCIERTO, MIRA HACIA ATRAS. APROVECHA.
Y una tenue voz sale de mis labios:
Te quiero. ¿Queeeeeé? Dice M.J. Sus tres amigas y mis tres amigos me miran, pensando que me había vuelto majara.
Que te quiero. Vámonos de aquí. Quiero estar a solas contigo. Contigo y sólo contigo.
Me da la mano tímidamente. Aún se cree que bromeo, hasta que mira mis ojos. Nos alejamos lentamente, hasta hoy.
