------

El sonido del tambor se va haciendo más y más difuso, los rezos van llegando cada vez más lejanos, dejan de ser un eco místico para convertirse en una tenue reverberación. Los párpados le van pesando a Cignus, hasta que acaba perdiendo la conciencia.

------

Pasado un tiempo indeterminado, sus ojos se abren. Mira a su alrededor, y se encuentra en un lugar desconocido. A través de los rayos de sol que se filtran a través de las rendijas de las ventanas, distingue una habitación diferente a aquélla en que había entrado. Todo está limpio, es un dormitorio, está sobre una cama pequeña, como de niño. Se levanta lleno de dudas. Poco a poco, sus manos se acercan a la persiana. Al levantarla, una luz cegadora casi le produce dolor en los ojos. ¡Es de día! Pero ¿Cuánto tiempo ha pasado? Se pregunta. Se decide a salir. Frente a él, junto a la puerta, hay un espejo. Se mira en él, y para su sorpresa, sigue siendo el mismo.

------

-No ha funcionado, ese maldito Necromancer me ha tomado el pelo- Se dice a sí mismo, enfadado. Así que abre la puerta y se encamina a la calle, dispuesto a volver a su casa, -todo no ha sido más que una tontería- piensa.

-------

Y al salir al exterior, la sorpresa. Un sol brillante, un cielo azul, mediterráneo, y un intenso olor a sal. El sonido de las gaviotas, revoloteando por los cielos, ¿Dónde está? La calle ha dejado de ser un callejón de una gran ciudad, es una callejuela retorcida, flanqueada por casas bajas, de un par de pisos todo lo más, encaladas con un blanco deslumbrante. No sabe hacia donde dirigirse, así que comienza a andar en dirección al sonido de las sirenas de los barcos, parece que está en un puerto de mar, de eso no hay duda.

-------

En su deambular, pasa por una pequeña plaza. Cobijados del fuerte calor, a la sombra de unos limoneros, unos ancianos hablan de sus cosas.

-------

De pronto, uno de ellos le hace señas para que se acerque. Al estar a un par de pasos, el viejo le espeta:

-------

-Niño, ¿Qué haces por aquí sólo a estas horas, no deberías estar comiendo?

-------

¿Niño, me ha llamado niño? Pero ¿Acaso me conocen?

-------

- Claro, no te hagas el tonto- contesta uno de los jubilados. Tú eres Cignus, el hijo pequeño de María.

-------

Sin saber que decir, pregunta: ¿Cómo se llama este pueblo?

-------

¿Estás tonto? Le contestan entre risas. Estás en la villa más hermosa del mundo. Estás en la Villa Strangiatto.

-------

Asombrado todavía de todo el aluvión de información que está recibiendo, siente como una mano se pone en su hombro.

-------

-Cignus, ¿Dónde estabas? Llevo un buen rato llamándote para comer. Deja de hacer tonterías y vamos a casa a comer.

-------

El hombre (ahora niño) miró a esa mujer de hito en hito. Era la persona más hermosa que había visto en su vida. Y era su madre. Pero él no la recordaba así. Sin decir palabra, tomó su mano, cálida, dulce y enérgica a la vez, y se encaminaron a casa. Allí le esperaba su padre y sus dos hermanos. Éstos eran alegres y bulliciosos, llenaban el aire con sus risas. Su padre los miraba con una sonrisa en el rostro. Era un hombre encantador. Instantes después, repetía el plato de comida. No recordaba un guiso tan exquisito desde hacía mucho, muchísimo tiempo. Mejor dicho, nunca había probado nada tan exquisito.

-------

Empezaba a comprender. Estaba viviendo una idealización permanente. Todo era perfecto. Pero a la vez sencillo, como es el corazón de un niño. Su mundo, al parecer, se circunscribía a unas cuantas callejuelas que conformaban un pueblo a la orilla del mar, donde las idas y venidas de los barcos de pesca conformaban el devenir diario. Y eso era todo. Tan sencillo como un simple pueblo. Pero el se sentía feliz. Había encontrado su paraíso en la Villa Strangiatto.

-------

Después de la comida, llega el momento del juego con los hermanos. La calle es el teatro de sus sueños, no hay aparato electrónico que valga. Las carreras, las risas, caer al suelo agotado, exhausto de tanto reír…

-------

Cuando el sol empieza su lento declinar, abandonando el cénit en busca de las montañas verdeantes que lo acogerán en su seno, los chicos se dirigen hacia el puerto. Allí, otro puñado de niños y niñas los esperan. Correteando entre las redes que cosen los pescadores, esquivando gaviotas que descansan tranquilamente en tierra, se acercan al cantil del muelle, donde llegan los primeros pesqueros.

-------

Flanqueados por cientos de aves, atracan y comienzan a descargar la mercancía. Los chicos echan una mano, cogiendo las cajas de menor peso y depositándolas en su tinglado correspondiente. El patrón de la embarcación les da unas monedas y los jóvenes, con los ojos como platos ante tamaño tesoro, corren calle abajo hacia el colmado. Allí, hacen acopio de provisiones: gominolas, pipas, chicles, todo tipo de chucherías…el día está saliendo redondo.

-------

Y Cignus, entre todo ese tumulto, se siente inmensamente feliz, cree que va a explotar, no caben tantas emociones en un solo día, y eso que su nueva/vieja vida no ha hecho más que empezar…

-------

CONTINUARÁ