JODIDO Y CABREADO

Antes que nada daros LAS GRACIAS, DE CORAZÓN a todos los que os habéis preocupado, a la vez que dado ánimos, para que mi Alejandro saliese bien de la operación. Me gustaría hacer mención de KILIFY, que tiene un corazón tan grande como lo bonita que es (que ya es difícil).

Os contaré: NO HA HABIDO OPERACIÓN.

El día del ingreso, el martes 16, después de comer, le dijimos al bambino que nos íbamos a las 5 al hospital, porque ingresaba a las 6 ¿Para qué decírselo antes? Creo que hicimos bien. Tras las lágrimas de rigor, dejamos a su hermano mayor, con su petate correspondiente, en casa de unos abuelos, y con una maleta para la mamá y el niño, allí que nos fuimos.

Lo subieron enseguida a planta, le hicieron el preoperatorio (lo pesaron, midieron, tomaron la tensión, un electro, analítica de sangre tras cinco pinchazos, porque no encontraban la vena, y dos vías abiertas, una en cada brazo.

Me fui de noche, dejando a madre e hijo juntitos. Como es lógico, yo no dormí casi nada, y ellos tampoco, porque ya sabéis como son las noches en los hospitales. Estaban en la misma habitación tres niños más, entre ellos un bebé de año y medio que se había roto los tendones y arterias de ambas muñecas en un accidente casero, y toda la noche estuvo llorando.

Por la mañana ya estaba a las 7,30 en el hospi. Las enfermeras echaron a todos los acompañantes, momento que aproveché para entrar. Le di ánimos a mi peque, tomé su mano, estaba blanco de miedo, con un brazo hecho un Cristo por los intentos vanos de sacarle sangre.

Llega una enfermera y me dice: “Tiene que dejar la habitación”. Le respondo: “Claro” y sigo sentado como si tal cosa. Después llega una auxiliar haciendo camas y me dice: “estoy limpiando”. Y le digo: “Hace usted muy bien. Así me gusta”. Después pasa un médico y me dice: “los familiares deben salir”. “Ya lo sé”, le digo, y sigo con mi mano cogido a mi hijo. Con dos cojones.

Al fin llega el celador. Es cerca de las nueve. Le ayudo a quitar el mar de enchufes y voy con él y mi muchacho. Salimos de la sala y pasamos junto a los asientos que hay en la entrada a quirófanos. Están mi Nena, a la cual se le escapan lagrimones como puños, mi suegra y mi hermano. Todos le dan besos y le desean suerte. Y se cierran las puertas.

A los 5 minutos nos llaman. Es el cirujano-jefe el que va a hacer la operación. Nos la explica por enésima vez, serán 4 ó 5 horas, habrá que sustituir la válvula pilórica, parte del esófago, arreglar el estómago y blabla. Firmamos la autorización y nos toca esperar.

A los pocos minutos, vemos a cirujanos, enfermeras, celadores, que salen del quirófano, que entran, y todos apresurados.

Están 3 niños en la antesala, entre ellos el mío. Les han aplicado una preanestesia con mascarilla. No están dormidos, pero casi. Los payasos los acompañan en todo momento. Nunca podré agradecerles lo bastante la maravillosa labor que realizan. Les llenan la cama de globos con formas de animales, con flores de plástico, con juguetes.

Y llaman: familiares de Alejandro, pasen a la antesala del quirófano….

En ese momento estoy sólo, las damas han ido al aseo. Y me explica: esta mañana no van a haber operaciones. Justo al empezar las intervenciones, y abrir el material de cirugía, teóricamente preparado, descubren que varias piezas no se ajustan a lo indicado. En concreto, las agujas para hacer la sutura laparoscópica no son correctas, son de un calibre estándar, y pueden dejar cicatrices grandes en la intervención, unas grapas que necesita otro niño no son correctas….un desastre.

Buscan el material por los almacenes, llaman a otros hospitales…pero nada, porque es material para cirugía pediátrica.

Los padres nos indignamos. Llega el cirujano-jefe y nos pide mil disculpas, que no sabe como ha podido suceder, pero que como es lógico no puede operar sin las condiciones óptimas. “lo siento, lo siento, lo siento…” No acertaba a decir otra frase el individuo, pero a mi me resbala (por no decir que me la suda). Se supone que debe (o debería) ser un profesional y no permitir que sucedieran determinadas cosas.

Así que me emplaza para este martes 23, sin preoperatorio, como es lógico, y me asegura que a las 8,30 lo operará. Estoy mosqueadísimo, pero callo, porque es él quien lo operará, y no quiero decirle nada, hasta que no salga mi hijo en condiciones de la operación. Entonces hablaremos. La denuncia, la reclamación y la queja ya las tengo listas, entonces veremos.

Se llevan a Alex otra vez a la habitación. Son las 10 y media y dicen que debe estar en observación hasta la una. Les responde muy elegantemente “Y una mierda”. Ya se le pasará la anestesia en casa. Y llamo a un enfermero para que le quite las dos vías. Y me dice “eso debe autorizarlo el médico”. ¿Qué médico?, le respondo ¿Ese que no tenía listo el material para hacer la intervención? El chico agacha la cabeza y le quita las agujas.

Medio adormilado, dice que porqué no lo operan de una vez. Y delante del médico de planta respondo “porque hay una panda de inútiles que no saben hacer su trabajo. Porque parece increíble y tercermundista que para una operación programada desde hace cuatro meses no tengan el material quirúrgico comprobado y preparado”.

Y en esas estoy, más cabreado que un mono con paperas, esperando otra vez al martes para que todo acabe, con una noche desperdiciada, mi hijo acribillado, los turnos de trabajo vueltos a cambiar, otra consulta de mi hijo cambiada…un desastre.

Así que, buenos amigos y amigas, esperaré a que se me pase el cabreo y que estos 5 días pasen muy muy rápidos, y que todo acabe ya.

Un abrazo y muchos besos.

Carlos.