Mis buenos amigos y amigas:

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Si, habéis leído bien, ya no pienso ver ni un puñetero episodio más del jodío médico cojo. Estoy hasta el moño de los hospitales, de esas batas blancas y verdes moviéndose a través de interminables pasillos.

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Recapitularé:

Tomo mis primeros días de vacaciones a finales de agosto. Pensando en tostarme aún más, vuelta y vuelta, y remojar mi apolínea anatomía en las aguas esmeraldas de mi playa favorita, mi riñón se declara en rebeldía. Tres cólicos nefríticos espantosos, con el consiguiente ingreso en urgencias. Así acaban mis vacaciones agosteñas (¡¡Bien!!)

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Llega septiembre. Y me reservo otros días de vacaciones en espera de la operación de mi pequeño. Todo sale bien, afortunadamente, pero en eso gasto esos preciosos días de descanso, en estar alerta, cual búho sonámbulo, hasta que llega a casa sanito y salvo. (¡¡Fantástico!!)

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Semana pasada. El día en que comienzan mis nuevas vacaciones (otra semanita), resulta que mi papá se pone pachucho. En una visita rutinaria al médico, este lo observa raro, y le toma el pulso (36 pulsaciones), la tensión (9 y 5) y, mosqueado, le hace un electro. Lo ve con tal arritmia que lo manda a urgencias. Y lo tengo que llevar yo.

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Sólo verle la cara, la cardióloga lo manda a observación. Allí lo atiborran a pruebas, y deciden ponerle un marcapasos, tiene una braquicardia de caballo. Lo intentan mantener estable hasta el día de la operación, pero este pasado viernes el pulso le baja a 25, la tensión a 3, la temperatura corporal a 34,5º. Se va como agua entre los dedos, y tienen que operarlo de urgencia. Le colocan el marcapasos y, en fin, todo sale perfecto, gracias a Dios, ya está en casita, cuidándose con los mimos de mamá. (¡¡Maravilloso!!)

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Y cuando intento por enésima vez retomar las vacaciones, telefonean a casa. A mi Nena deben extirparle un quiste benigno de su precioso pecho. Así que vuelta al hospital, 1000 pruebas médicas y a extirpar. Todo bien, pero esto ya es demasiado. (¡¡Glorioso!!)

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Y como colofón, entre mi padre y mi Muñeca, llevo a mi madre a una revisión oftalmológica porque ve mal, ¡y resulta que ha perdido visión porque ha tenido una trombosis en un ojo! Así que vuelta a las pruebas médicas. Y tararí que te ví. (¡¡Homérico!!) – Ver “El Hombre tranquilo”, de John Ford.

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Así que me lo tengo que tomar a broma, porque esto es para mear y no echar gota.

No me atrevo a tomarme la semana de vacaciones que me queda, porque sino seguro que me operan de algo, me preñan de trillizos o alguno de los míos le cambian la cabeza de lugar.

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Mi hijo mayor, el único indemne hasta la fecha, ya no me reconoce como padre, ha pedido ser adoptado por los dueños del restaurante chino de debajo de casa.

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Y para colmo de males, esta epidemia hospitalaria afecta a todos mis seres queridos menos ¡a mis cuñadas! Las muy pu…ñeteras son inmunes. Ni mordiéndose la lengua las ingresan por envenenamiento.

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Eso si, lotería voy a comprar toda y más, porque cuando no toca, como dicen eso de “por lo menos hay salud…”, algo me tocará, seguro.

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Eso sí, el único día libre de locura hospitalaria, aprovechamos mi Nena y yo para expansionarnos, dirigiéndonos a nuestros baños favoritos, para pasar

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UN DÍA EN EL BALNEARIO

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En efecto, este pasado lunes, conseguimos una mágica combinación de factores, y dejando a los chicos a comer en el cole, tomamos rumbo al balneario, a recibir unas terapias que nos dejen relajaditos, con la mente lúcida y el cuerpo en condiciones de seguir afrontando tanto trajín y ajetreo sanitario.

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Así que empezamos con la piscina termal. Está al aire libre. El exterior roza los 15º, y el agua está a unos 175ºC. Tras notar como el vello se separa del cuerpo, fruto del puro escaldamiento y sufrir tres desvanecimientos por puro sofoco, decidimos que ya tenemos los poros bastante abiertos (tanto que a través de la carne puedo ver el hueso), nos encaminamos a las sesiones específicas.

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Comenzamos por un maravilloso BAÑO RELAJANTE DE LODO. No sabemos qué cojones será eso, pero cogidos de la mano nos encaminamos a nuestro incierto destino.

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Pedimos camillas contiguas. Para aplicar el barrillo, se acerca a mi Muchacha un chico rubio, más cuadrado que yo (que ya es decir) de ojos claros.

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Como réplica, yo espero una escultural fisioterapeuta de exuberante figura y esplendorosa sonrisa, pero no, a mí no.

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Me toca el fisio más viejo del mundo, un carcamal de unos 225 años y con gafas de culo de vaso. En fin…

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Sobre la camilla colocan un enorme plástico, el cual rellanan totalmente del lodo de marras. Entonces me coloco con un bañador tamaño mini braga boca arriba. Toda mi cuerpo está bañado de ese repugnante barro pegajoso. Y entonces comienza lo peor. Me va llenando poco a poco de lodo. Pecho, brazos, rostro, piernas, lo que hay entre el ombligo y el muslo….y entonces cierra el plástico sobre mi.

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Somos dos canelones gigantes, parecemos el tentempié de King Kong. Tengo que cerrar los ojos para que esa asquerosidad no me deje cegato, se me cuela por las orejas. Me pican los… esa hora se hace interminable, y además todo con una luz mortecina. Igualito que las pelis, vamos.

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Al fin llegan los masajistas, el fornido joven y su bisabuelo enano. Nos quitan los plásticos, se aseguran que estamos vivos y nos indican que nos coloquemos bajo la ducha, para limpiarnos.

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Por supuesto, es agua termal, esa que está a 175ºC. Tras abrasarme por segunda vez, nos dirigimos al segundo potro de tortura, perdón, al siguiente tratamiento, la denominada pomposamente DUCHA A PRESIÓN ALTAMENTE RELAJANTE.

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Nos colocamos en la esquina de una amplia habitación y entra otro masajista, más viejo que el anterior (a mi Nena, otro macizo, joer). Llevan en la mano dos túneles de metro pero fijándome bien…¡son mangueras!. La madre que los parió. Nos meten manguerazos de agua hirviente (¡que bienestar!) por delante y por detrás (sin chistecitos, eh), casi me sacan el órgano genésico por la espalda de la presión de la puta agua. Así hasta que los músculos quedan más flácidos que la plastilina en manos de un epiléptico.

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Como un par de ruinas vivientes, acabamos la sesión con un maravilloso MASAJE CORPORAL TRADICIONAL. Eso espero que sea fenomenal ¿A quién no le viene bien un masaje?

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Como podéis imaginar ¿Quién creéis que me lo da? ¡¡Bingo!! Una reliquia viviente, otro vejestorio. ¿Y a mi Nena? En efecto, otro mozo apuesto.

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Dicho masaje consiste en removerme y retorcerme hasta los pelos de la barba, me baila hasta el ombligo. Cuando pone sus manos sobre mi cuello con la intención probable de estrangularme le suplico misericordia, pero es tarde. Me levanto de la camilla de masaje con el cuerpo hecho polvo, el cuello hecho migas (de hecho, estoy escribiendo con la cabeza fija en la pantalla y el cuerpo mirando al macetero que tengo a mi espalda). Me he tenido que tomar una ensalada de relajantes musculares para recuperarme.

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Eso sí, la estancia en el balneario ha sido fantástica. El gusto te entra cuando sales, con el bolsillo vacío, la mente en blanco y el cuerpo muerto, y con una pregunta que repiquetea en mi mente ¿Dónde están las sensuales masajistas y fisios, de sexo femenino?

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Bueno, chicos y chicas, esto es todo por el momento, entre hospital y hospital, escribo este ratito esperando que me den algo de tregua.

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Eso sí, la próxima vez que tenga un día libre para despejar mente y cuerpo, me dedicaré a actividades que entrañen menos peligros y zozobras, como podrían ser la colocación de piercing en los testículos de perros pitbull con dolor de muelas, o conducir a las 4 de la madrugada por un acantilado estrecho, escuchando los grandes éxitos de Carla Bruni sin dormirme.

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Un besote y abrazos

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Carlos.