STARRING:        Carlos (The ultimate man)

                            Mi Nena (la de Carlos, se entiende).

 

GUEST STARS: Los callos y durezas de los pies.

 

         Cordiales saludos a todos, niños y niñas.

 

         Aprovechando que mis chicos estaban de campamento donde Cristo dio las tres voces, aprovechamos para hacer una escapadita de unos cuantos días. ¿Dónde hallar un sitio fresquito para descansar? De playas nada, que bastantes tengo a mi alrededor.

         ¿Y el norte verde? No estaría mal, pero es que todo el mundo se ha ido allí.

         Algún lugar para patear sus calles, y viajar además sin coche, que estoy hasta las narices del cacharro.

         ¡Ya sé! Exclamo a la fresca de un abanico. A Madrid, que nunca hemos estado lo suficiente como para vivirlo de cerca. Una ciudad fresquita en verano y muy, muy tranquila, y sin obras molestosas en ningún lugar, no como en mi ciudad.

         Dicho y hecho, reservamos hotel y vamos a la estación por los billetes.

 

PART ONE: THE TRAIN

 

         Llegamos a la estación. Media hora antes de embarcar nos hacen pasar la maleta por el escáner y a nosotros por el arco detector. El cinturón ese tan maravilloso con cremallera interior donde guardar los billetes, que en un alarde de inteligencia me puse en un pantalón con las trabillas más estrechas que la anchura del cinturón que me  tengo que quitar. Si quitármelo fue un acto de fe, volver a ponérmelo, ni os cuento. A punto de enseñar la tira de los gayumbos, subimos al trenecito.

 

         Nos sentamos en nuestros lugares, en un vagón que pone rimbombantemente "clase turista", que en realidad es sinónimo de "si mides más de 1,60 cms. Cuando te sientes deberás poner las rodillas tocando tus orejas, porque sino lo llevas claro, no vas a caber ni en fotos".

 

         Justo al arrancar de forma cadenciosa el convoy, toca el turno del primer pipí, faltaría más. Miro un marco de una puerta metálica  buscando el aseo, pero no, no es un marco, ¡es la puerta!, más estrecha que la mente de mi cuñada. Entro y ¡oh, que bonito! Si resulta que es el baño de los pitufos. Para lavarse los dientes hay que sacar el codo por la puerta hacia fuera. Y miro al wc y alucino. ¿Para qué tipo de culo  estará diseñado? Menos mal que lo que tengo que hacer no implica el sentarme en él. Entre el traqueteo y el meneíto del tren intento apuntar sin dejar gota fuera del sitio y lo consigo ¡ eso se llama pulso! De ahí a operar fimosis, va un paso.

Al acabar doy al botón para que salga el agua. Caen cuatro míseras gotitas y de pronto una brutal succión hace desaparecer toda el agua del inodoro en una décima de segundo, e instantáneamente surge en su lugar otro agua limpita. Un sudor frío recorre mi apolíneo cuerpo. Si llego a estar sentado y esa succión me atrapa ¿Qué me hubiese pasado? Tiemblo sólo de pensarlo. Me imagino que la postura sería similar a la de estar copulando con una cachalota.

         Peor le fue a la siguiente usuaria del WC, que tiró de la cadena estando aún sentada y la atrapó la succión. Su ____ le hizo ventosa con el agujero del fondo y tuvieron que desatascarla entre el revisor y un par de jubilados de Albacete.

         Vuelto a mi asiento, me encuentro con unos pequeños auriculares para ver pelis, que comienzan en ese momento. Esperando deleitarme con algún estreno cinematográfico de última hora o alguna preciosa película clásica, me dispongo, junto con mi encantadora partenaire, a verla. El principio no parece muy prometedor, es una producción española. Parece que la cosa no puede empeorar, pero si...

         El engendro se llama "La Doma del caballo para aficionados"  ¡y es el volumen III! ¿Dónde carajo estábamos que nos perdimos los dos primeros? Durante un tiempo indefinido (más o menos el que se tarda en pensar 7 veces el romper el monitor de TV), una niñata cursi y un tipejo de pelo engominado nos enseñan como el pobre animal mueve sus patitas, como trota, como gira a la izquierda, a la derecha...

         Ante tal atentado a nuestros sentidos nos decidimos a deleitarnos contemplando el paisaje. ¡Será todo tan bonito!

         ¡Mira los campos de cereal, que preciosos! Digo al adentrarnos en tierras manchegas.

         ¡Un campo eólico, lleno de molinos  blancos! Venga, le digo a mi sufridora, vamos a contar molinotes: 1, 2, 3....34. ¡Hala, cuantos! Fíjate que bien, es una energía limpia, renovable, no contaminante, digo lleno de ecológico entusiasmo.

         Una hora después estamos podridos de ver campos de cereal. Los molinos productores de electricidad los hay por cienes y cienes. Me pensamiento ha cambiado ligeramente:

         Esos molinos de mierda, como afean el paisaje. Si los ponen es por las subvenciones, porque no producen ni para encender un mechero. Y la de pobres pajaritos que se cargaran cuando choquen contra sus aspas. Y son más feos que un pedo mal tirado.

         Como veis, Coherencia es mi primer apellido.

         Menos mal que acaba la peli de los caballitos. La siguiente seguro que será mejor. Aunque el título ya me hace estremecer "En búsqueda de las fuentes del Ganges" ¿Es qué no tienen mapas?

         Un tipejo insufrible, de voz monótona, se pasa no sé cuantas horas entre hindúes en pañales, contándonos lo que National Geografic ya ha hecho miles de veces, y mejor. Al final, donde nace el río, en el Himalaya, se viste como un santón y se moja en sus heladas aguas, diciendo la poco esperada frase "Por unos instantes me sentí lleno del espíritu de la India" ¡Cursi, imbécil!,  ¡¡Olé la originalidad!! No me lo esperaba.

         Y entre cadáveres putrefactos flotando en mitad del río y famélicas vacas paciendo, nos levantamos 30 veces, al aseo de los lunnies, al vagón restaurante...hasta que 5 horas después de la salida llegamos a la capital del Reino...

 

CONTINUARÁ