Queridos jóvenes y jóvenas: Dejamos el relato y a las tortugas degeneradas cuando conseguimos salir de la estación, llegar al exterior y darnos de bruces con...

         ... Un  calor sofocante, asfixiante. Nos falta el aire para respirar. En su lugar un vaho ardiente que lo impregna todo. Los ojos nos arden, la piel se pone a traspirar igual que una piara de cerdos en el balneario de aguas sulfurosas de Santa Magma de la Piedra Pómez.

         Además nos topamos con una valla, una cerca metálica que ocupa toda la calle que tenemos ante nosotros. Miramos a nuestro alrededor y un montón de individuos de países del Este, rusos, ucranianos...están transportando piedras y arena.

         ¿Dónde estamos?  Tras darme 7 cabezazos contra el suelo, mis neuronas vuelven a reactivarse. ¡ LA ESTACIÓN ES EN REALIDAD UN AGUJERO ESPACIO-TEMPORAL ¡

         ¡ Estamos en el GULAG soviético, en Kazastán, cerca del ardiente Mar Caspio. Contemplo a los prisioneros acarreando los materiales de construcción en una obra cuyo final no alcanza a contemplar la vista.

         Rápidamente pienso en hacer negocio. Saco de la maleta unos pantalones vaqueros y unas camisetas. Al ser de marca le sacaré un dineral a estos jodíos bolcheviques. Y además cambiaré unos eurillos por rublos, en el cambio sacaré una fortuna. Y compraré caviar, vodka, iconos, matriokskys...ya se me hace la boca agua.

         Me acerco al primero de los esclavos políticos, un rubio de 2 metros y le digo: ¿Tú hablar mi idioma? Yo cambiar este pantalón Pepe Jeans por muchos billetes. ¿Tú aceptar?.

         El fulano me mira un rato, toca mi frente como comprobando si he pillado la gripe A y me dice: ¿Estás colgado o te falta un tornillo, qué cojones estás diciendo?

         Evidentemente, ruso podría ser, pero conocía nuestro idioma, con sus peculiares giros lingüísticos. Sorprendido, le dije ¿Cómo hablas tan bien el español en mitad de la ardiente estepa rusa?

         El tío parecía alucinar en colores, y me respondió: "Si esto es Madrid, ¿Es qué no te has enterado?

         Sorprendido por la respuesta, le pregunté que como podía salir de la zona de obras.

         "Eso me gustaría saber a mi también, que llevo tres días viviendo en un barracón entre dos zanjas kilométricas, porque me sale más rentable que ir y venir de mi casa"

         Así que fuimos siguiendo la valla metálica, palpándola con las manos porque el aire lleno de polvo nos impedía ver poco más allá. Al fin encontramos un hueco, y por él nos introducimos. De entre las tinieblas surge la figura de un policía municipal que nos dice: "circulen entre los conos". Y entre ellos nos encaminamos. Nosotros y otras 11.700 personas que, como un ejército de zombies cruzamos una enorme avenida. Nos espera al otro lado otro campo de concentración (perdón, zona de obras), donde se están dedicando a cambiar el suelo, uno precioso por otro espantoso ¿?. Tras cuatro tropezones y dos pisadas en el suelo lleno de cemento (parece el paseo de la fama de Sunset Boulevard, pero en currante), llegamos a la puerta del hotel. Mi sentido de la orientación no me ha engañado (pero el desgraciado que me ha cobrado 5 € por un bocadillo ridículo en la estación si).

 

         EL HOTEL

 

         La verdad es que el Internet y su primo el Google son la leche. Buscamos hoteles de 3 estrellitas y comparamos precios y lugares. Y por probar, vamos a los de 4 stars y de forma increíble encontramos uno más económico que muchos de 3, y súper bien ubicado. Hago la reserva con cierto escepticismo pero la hago, aún con la duda si no sería algo raro, como un albergue ilegal de leprosos clandestinos, o que era la sede del congreso nacional de tunas con actuaciones mañana y noche. En fin, que sea lo que Dios quiera.

         Al llegar frente a la puerta digo a mi Nena: "Mira que nivel de este hotel, que está saliendo un general". ¡ Mira que eres borrico! Exclama la Niña, si es el conserje.

         ¡Ya lo sabía, estaba bromeando! Contesté mientras me pellizcaba la nalga izquierda por tonto.

         Entramos al hotelito. Muy elegante. El recepcionista toma los datos y me entrega una tarjeta. En agradecimiento le entrego mi tarjeta de visita.

  • - Gracias - me responde, pero esto es la llave de la habitación.

Junto con la llave electrónica nos acerca unos folletos relativos a visitas guidas partiendo de la puerta del hotel, para Toledo y el Escorial.

Ya lo sabía, estaba bromeando! Es que los de pueblo somos así, mientras me pellizco la zona gónica por burro.

         Así que tomamos el ascensor (de eso si tenemos) y llegamos ante nuestra habitación.

 

INCISO DE CASUALIDAD MUY CASUAL

 

         Hace pocos días, queríamos poner al fondo del pasillo alguna reproducción de algún cuadro, así que vamos a la marquetería de confianza. Allí nos sacan libros y libros con cientos y cientos de láminas. No me decido a elegir. ¿Arte clásico? No. Poner reproducciones de Goya o Velázquez parecería la casa de mis suegros. ¿Algo abstracto? No. Acaba siendo mareante. ¿Arte japonés? Por Dios, parecería la casa de unos recién casados. ¿Un cartel de cine? No. Demasiado pedante.

         Al final elegimos la reproducción de un campo de flores de Van Gogh, en tonos amarillos y ocres. Escogemos un bonito marco a juego con la cómoda color caoba que hay justo debajo. Tras destrozar la pared con el taladro, queda bien bonito y relativamente derecho.

         Abrimos la puerta de la habitación del hotel y ¡ Está el mismo cuadro, y con un marco parecidísimo! ¡Qué fuerte! Huimos de casa y nos topamos con el mismo recibidor. Rápidamente entro en el baño. Por suerte el retrete no es igual, menos mal, ha cambiado el color de la escobilla.

FIN DEL COINCIDENTE INCISO CON UN PUNTO DEJA VÚ

         ¡El hotel es cojonudo! Camas enormes con buenos colchones, un baño tremendo, suelo de tarima, climatización suaviiiiita, y unas vistas increíbles. Sobre el escritorio de la habitación, folletos para visitar Toledo y el Escorial, pero no nos interesa.

         Tras emular a las tortugas, desempacar, pegarnos una ducha de aupa y todo lo demás, bajamos con ánimo de buscar donde comer. El recepcionista (otro distinto) nos acerca amablemente unos folletos para visitar el Escorial y Toledo. - Gracias - Le respondo, pero nos quedamos en la capital. Nos dirigimos al comedor donde había, al entrar, unos folletos para visitar Toledo y el Escorial ¿Dónde los habré visto antes? Y miramos los precios. Al instante me meo encima, a mi Nena le entra una subida de leche y le  baja la regla, de forma que trasmudados por el pavor nos encaminamos a la puerta de salida, en busca de un lugar donde yantar a un precio asequible al ser humano normal.

         Por cierto, al salir había unos folletos donde rezaba "Visitas desde el hotel guiadas, para Toledo y el Escorial". Comienzo a sufrir delirio persecutorio.

         En el hall del hotel, esperando autobuses, se encontraban un ejército de mexicanos, muy simpáticos todos; una docena de uruguayos, también muy agradables; unos pocos argentinos, hablando por los codos (que raro); unos estadounidenses de habla hispana; un par de parejas de italianos y unos japoneses (aproximadamente 7.135). Le pregunté a un mozo del hotel y me dijo que éramos los únicos españoles que había albergados, en las 400 habitaciones. No nos dieron premio por ello. Malos.

         Por cierto, los autobuses que esperaban eran para visitas guiadas al Escorial y a Toledo. Jamás lo hubiese adivinado.

         Antes de marcharnos, el conserje del hotel nos indica que nos vayamos lejos, que en pocos minutos llegarán los autobuses que van al Escorial y a Toledo. Creo que estoy empezando a odiar esos dos lugares.

Al poco de salir nos encontramos con una calle llamada "Cuesta de...", un eufemismo empleado en Madrid de forma común, para designar una especie de senderos de alta montaña, con edificios a los lados, de kilómetros de longitud, que no pueden subir ni los trenes de montaña suizos.

         Alguien, quien fuese, debía haberle dicho a quien inventó Madrid que las ciudades QUEDAN IDEALES SI SE CONSTRUYEN EN LISO, EN LLANO. Le hice llegar hace días una carta al Ilmo. Sr. Alcalde comentándole el caso, y se ha entusiasmado. Le ha gustado tanto la idea que ha dicho que cuando acabe el verano va a quitar todos edificios de la capital, se los llevará al campo y, en el espacio vacío que quede, lo llenará de tierra para dejarlo todo alisado, a ras. Entonces volverá a traer los edificios donde estaban, y toda la ciudad quedará ausente de cuestas y pendientes. Dice que en poco más de dos meses estará concluida esa obra porque, según me han comentado, es un alcalde que tarda en hacer una obra lo que se tarda en chasquear los dedos ¿Será verdad?

 

CONTINUARÁ