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La Coctelera

HE HALLADO UN LUGAR DONDE ESTAR

Cuando conversamos con una mujer bonita no sentimos estar equivocados; sino que lamentamos tener razón.

9 Julio 2009

   Pues si, todo esto me pregunto, que no es poco. Volviendo a acercarme por estos lares, que por cierto siguen repletos de una fantástica humanidad.

  ¿Hasta dónde tenemos aguante? Parece que la capacidad es infinita, sobre todo si las ganas de tirar p'alante supera a los malos momentos.

  Cuando, a medias entre esa sensación de "extraño pudor" y tener la mente y el  cuerpo en otros lugares, te impide cualquier atisbo de salir de uno mismo y evadirse a otros lugares, todo se vuelve más oscuro.

   Pero empiezo a respirar. Por cuatro motivos: Porque poco a poco la noche se va haciendo día; porque me da la  gana, conmigo no van a poder los malos rollos; porque cuando he vuelto a mirar en este rinconcillo he encontrado algo que echaba en falta; y como último y muy importante motivo, y expresándome con una terminología científica, preñada de erudición y saber infinito, utilizando una nomenclatura que tal vez os cueste comprender: PORQUE ME SALE DE LOS COJONES. Así de simple. Ya está bien.

   Vengo con la barba recortada, con 10 kilos menos (el sufrir adelganza, pero no lo recomiendo, aunque de lo malo siempre se saca algo bueno) SE ME NOTAN LAS TABLETAS DE CHOCOLATE y limpio y aseado. Para acercarme de nuevo he hecho el sacrifico de adelantar mi ducha  trimestral a la mañana de hoy y lavarme en profundidad los sobacos. Hasta eso he sido capaz de hacer.

  Y pasando de todo, con mis muchachos en la playa y con unos días libres en el horizonte, mi mujercita amada (que es y ha sido la fuente de mis desvelos: por cierto YA VUELVE A SONREIR y todo está OK, cuando estaba todo muy muy muy negro, Givvy sabe de lo que hablo) y un servidor nos iremos dentro de unos días a patear las calles de cualquier ciudad que esté lo suficientemente lejos donde no puedan reconocerme.

  Así que, dejando de lado esta crisis que afortunadamente no me ha pillado (al revés, no puedo quejarme), iré volviendo a hacer todo lo que tenía olvidado. Además de estar con vosotros de forma paulatina, cada vez un poquito más, volveré a los baños en mi playa favorita, esa de color esmeralda, a pasear de terraza en terraza, a contemplar entusiasmado como me crece el pelo en torno a mi ombligo, a contemplar sorprendido como las mujeres son cada día más bonitas y, espero que casi ya, a ser capaz de volver a escribir algo original, diferente y con mi estilo.

  Porque el seso lo sigo teniendo escasito. la imaginación que estaba seca comienza poco a poco a producir, a dar sus frutos, las ideas van volviendo a brotar entre las 3 neuronas y media que a duras penas me funcionan, y espero volver a daros la paliza, a daros la vara, a castigaros con la tortura infumable de las gilipolleces que tan atropelladamente se vienen a mi mente.

  Como siempre, la ligereza, la concisión, la elección de términos precisos y preciosos, el contar la verdad desnuda limando las asperezas son mi impronta personal. Espero lo comprendáis. Abrazos y besos. Repartirlos como consideréis (aunque si las chicas reciben los besos, casi que mejor).

  ¿Digo algo más? Bueno pues que....

FUERA FUERA, QUE SE CALLE ESTE TÍO, VAYA PLASTA, QUE LE DE LA PLASTA A SU BISABUELA EL MUY JODÍO, LA MADRE QUE...

  Vale vale, corto el rollo.

CARLOS

23 Octubre 2008

Mis buenos amigos y amigas:

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Si, habéis leído bien, ya no pienso ver ni un puñetero episodio más del jodío médico cojo. Estoy hasta el moño de los hospitales, de esas batas blancas y verdes moviéndose a través de interminables pasillos.

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Recapitularé:

Tomo mis primeros días de vacaciones a finales de agosto. Pensando en tostarme aún más, vuelta y vuelta, y remojar mi apolínea anatomía en las aguas esmeraldas de mi playa favorita, mi riñón se declara en rebeldía. Tres cólicos nefríticos espantosos, con el consiguiente ingreso en urgencias. Así acaban mis vacaciones agosteñas (¡¡Bien!!)

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Llega septiembre. Y me reservo otros días de vacaciones en espera de la operación de mi pequeño. Todo sale bien, afortunadamente, pero en eso gasto esos preciosos días de descanso, en estar alerta, cual búho sonámbulo, hasta que llega a casa sanito y salvo. (¡¡Fantástico!!)

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Semana pasada. El día en que comienzan mis nuevas vacaciones (otra semanita), resulta que mi papá se pone pachucho. En una visita rutinaria al médico, este lo observa raro, y le toma el pulso (36 pulsaciones), la tensión (9 y 5) y, mosqueado, le hace un electro. Lo ve con tal arritmia que lo manda a urgencias. Y lo tengo que llevar yo.

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Sólo verle la cara, la cardióloga lo manda a observación. Allí lo atiborran a pruebas, y deciden ponerle un marcapasos, tiene una braquicardia de caballo. Lo intentan mantener estable hasta el día de la operación, pero este pasado viernes el pulso le baja a 25, la tensión a 3, la temperatura corporal a 34,5º. Se va como agua entre los dedos, y tienen que operarlo de urgencia. Le colocan el marcapasos y, en fin, todo sale perfecto, gracias a Dios, ya está en casita, cuidándose con los mimos de mamá. (¡¡Maravilloso!!)

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Y cuando intento por enésima vez retomar las vacaciones, telefonean a casa. A mi Nena deben extirparle un quiste benigno de su precioso pecho. Así que vuelta al hospital, 1000 pruebas médicas y a extirpar. Todo bien, pero esto ya es demasiado. (¡¡Glorioso!!)

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Y como colofón, entre mi padre y mi Muñeca, llevo a mi madre a una revisión oftalmológica porque ve mal, ¡y resulta que ha perdido visión porque ha tenido una trombosis en un ojo! Así que vuelta a las pruebas médicas. Y tararí que te ví. (¡¡Homérico!!) – Ver “El Hombre tranquilo”, de John Ford.

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Así que me lo tengo que tomar a broma, porque esto es para mear y no echar gota.

No me atrevo a tomarme la semana de vacaciones que me queda, porque sino seguro que me operan de algo, me preñan de trillizos o alguno de los míos le cambian la cabeza de lugar.

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Mi hijo mayor, el único indemne hasta la fecha, ya no me reconoce como padre, ha pedido ser adoptado por los dueños del restaurante chino de debajo de casa.

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Y para colmo de males, esta epidemia hospitalaria afecta a todos mis seres queridos menos ¡a mis cuñadas! Las muy pu…ñeteras son inmunes. Ni mordiéndose la lengua las ingresan por envenenamiento.

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Eso si, lotería voy a comprar toda y más, porque cuando no toca, como dicen eso de “por lo menos hay salud…”, algo me tocará, seguro.

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Eso sí, el único día libre de locura hospitalaria, aprovechamos mi Nena y yo para expansionarnos, dirigiéndonos a nuestros baños favoritos, para pasar

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UN DÍA EN EL BALNEARIO

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En efecto, este pasado lunes, conseguimos una mágica combinación de factores, y dejando a los chicos a comer en el cole, tomamos rumbo al balneario, a recibir unas terapias que nos dejen relajaditos, con la mente lúcida y el cuerpo en condiciones de seguir afrontando tanto trajín y ajetreo sanitario.

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Así que empezamos con la piscina termal. Está al aire libre. El exterior roza los 15º, y el agua está a unos 175ºC. Tras notar como el vello se separa del cuerpo, fruto del puro escaldamiento y sufrir tres desvanecimientos por puro sofoco, decidimos que ya tenemos los poros bastante abiertos (tanto que a través de la carne puedo ver el hueso), nos encaminamos a las sesiones específicas.

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Comenzamos por un maravilloso BAÑO RELAJANTE DE LODO. No sabemos qué cojones será eso, pero cogidos de la mano nos encaminamos a nuestro incierto destino.

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Pedimos camillas contiguas. Para aplicar el barrillo, se acerca a mi Muchacha un chico rubio, más cuadrado que yo (que ya es decir) de ojos claros.

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Como réplica, yo espero una escultural fisioterapeuta de exuberante figura y esplendorosa sonrisa, pero no, a mí no.

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Me toca el fisio más viejo del mundo, un carcamal de unos 225 años y con gafas de culo de vaso. En fin…

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Sobre la camilla colocan un enorme plástico, el cual rellanan totalmente del lodo de marras. Entonces me coloco con un bañador tamaño mini braga boca arriba. Toda mi cuerpo está bañado de ese repugnante barro pegajoso. Y entonces comienza lo peor. Me va llenando poco a poco de lodo. Pecho, brazos, rostro, piernas, lo que hay entre el ombligo y el muslo….y entonces cierra el plástico sobre mi.

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Somos dos canelones gigantes, parecemos el tentempié de King Kong. Tengo que cerrar los ojos para que esa asquerosidad no me deje cegato, se me cuela por las orejas. Me pican los… esa hora se hace interminable, y además todo con una luz mortecina. Igualito que las pelis, vamos.

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Al fin llegan los masajistas, el fornido joven y su bisabuelo enano. Nos quitan los plásticos, se aseguran que estamos vivos y nos indican que nos coloquemos bajo la ducha, para limpiarnos.

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Por supuesto, es agua termal, esa que está a 175ºC. Tras abrasarme por segunda vez, nos dirigimos al segundo potro de tortura, perdón, al siguiente tratamiento, la denominada pomposamente DUCHA A PRESIÓN ALTAMENTE RELAJANTE.

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Nos colocamos en la esquina de una amplia habitación y entra otro masajista, más viejo que el anterior (a mi Nena, otro macizo, joer). Llevan en la mano dos túneles de metro pero fijándome bien…¡son mangueras!. La madre que los parió. Nos meten manguerazos de agua hirviente (¡que bienestar!) por delante y por detrás (sin chistecitos, eh), casi me sacan el órgano genésico por la espalda de la presión de la puta agua. Así hasta que los músculos quedan más flácidos que la plastilina en manos de un epiléptico.

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Como un par de ruinas vivientes, acabamos la sesión con un maravilloso MASAJE CORPORAL TRADICIONAL. Eso espero que sea fenomenal ¿A quién no le viene bien un masaje?

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Como podéis imaginar ¿Quién creéis que me lo da? ¡¡Bingo!! Una reliquia viviente, otro vejestorio. ¿Y a mi Nena? En efecto, otro mozo apuesto.

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Dicho masaje consiste en removerme y retorcerme hasta los pelos de la barba, me baila hasta el ombligo. Cuando pone sus manos sobre mi cuello con la intención probable de estrangularme le suplico misericordia, pero es tarde. Me levanto de la camilla de masaje con el cuerpo hecho polvo, el cuello hecho migas (de hecho, estoy escribiendo con la cabeza fija en la pantalla y el cuerpo mirando al macetero que tengo a mi espalda). Me he tenido que tomar una ensalada de relajantes musculares para recuperarme.

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Eso sí, la estancia en el balneario ha sido fantástica. El gusto te entra cuando sales, con el bolsillo vacío, la mente en blanco y el cuerpo muerto, y con una pregunta que repiquetea en mi mente ¿Dónde están las sensuales masajistas y fisios, de sexo femenino?

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Bueno, chicos y chicas, esto es todo por el momento, entre hospital y hospital, escribo este ratito esperando que me den algo de tregua.

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Eso sí, la próxima vez que tenga un día libre para despejar mente y cuerpo, me dedicaré a actividades que entrañen menos peligros y zozobras, como podrían ser la colocación de piercing en los testículos de perros pitbull con dolor de muelas, o conducir a las 4 de la madrugada por un acantilado estrecho, escuchando los grandes éxitos de Carla Bruni sin dormirme.

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Un besote y abrazos

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Carlos.

9 Octubre 2008

Como varón obediente que soy, y atendiendo a la generosa y no merecida invitación de Usía, un tío con todas las de la ley, amable, generoso y sensible, llevaré a cabo este MEME, con humildad y sencillez, con absoluta seriedad y según criterios de simplicidad y fácil comprensión para el pueblo llano ¿cualo?

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Aquí van las 6 cosas que me gustan:

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· Me gusta contemplar el amanecer en mitad de un prado adornado de azaleas y tiernas prímulas, mientras las primeras golondrinas realizan gráciles escarceos amorosos, al son de la melodía que emite el mirlo que, ebrio de felicidad porque la primavera…

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¡¡ BASTA YA!!

Hortera, cursi, pedante, eso no te lo crees ni tú, fuera, fuera (gritos ensordecedores de la multitud indignada)

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Vale, de acuerdo, seré más prosaico:

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· Lo que más me gusta es jod…

¡¡ANIMAL, CERDO MACHISTA, MONSTRUO INSENSIBLE!!

Prendámosle, ¡A caparlo, a caparlo…!

Bueno, venga, no os pongáis así, a ver que tal ahora:

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· Me gusta: 1.- Los bocadillos de jamón

2.- El asado de cordero

3.- La paella de marisco.

4.- El….

¡¡PERO BUENO, CORTA EL ROLLO!! No estamos hablando de comida, joer, hablamos de todo en general ¿Quieres centrarte, cojones?

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Me estáis volviendo loco. Exigís demasiado a mi pobre intelecto. ¿De qué hablo, de aspectos físicos, materiales, espirituales, artísticos?

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¡¡COÑO, PUES DE 6 COSAS QUE TE GUSTAN EN ESTA VIDA, MIRA QUE ERES COMPLICADO!!

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Bueno, pues vale, diré 6 de esas cosas, que bien podrían ser cambiadas por otras, pero en fin, ahí voy.

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1.- Me encanta poder hacer feliz a los que quiero, a los que me importan. Por los menos intentarlo. Ser capaz de mitigar los malos momentos que están pasando, con un poco de buen humor, de comprensión, dando mi apoyo. Si mis seres queridos, mis amigos están bien, yo también lo estoy. En resumen, intentar que las cosas sean un poco mejor.

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2.- Cultivar mi “yo” interior. La música, a todas horas con mi mp3 a cuestas cuando voy caminando; la lectura todas las noches; acercarme en mis poquitos ratos libres al mundo digital y dar parte de mi a los amigos que ahí tengo, que son muchos y muy buenos; escribir textos que nunca verán la luz, pero me llena el escribirlos.

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3.- Me gusta la compañía femenina. Me parece tremendamente enriquecedora. Además de que hablando con una dama los minutos se hacen segundos, a través de su mirada descubres muchas más cosas que en la forma tan planita que tenemos los hombres de ver la vida.

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4.- Me gusta la sencillez. Es tal vez el carácter que más aprecio en una persona. Ese hombre que a lo mejor tiene el dinero por castigo, o que tiene una tremenda preparación académica, pero es sencillo, natural a más no poder. Esa chica inteligente, o lindísima, y que te aprecia por lo que eres. En resumen, la gente que es ella misma, que no mira por encima del hombro, sino que ve a un igual a quien tiene al lado.

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5.- Me gusta la belleza en todas sus facetas. Admirarla, recrearme en ella. (ver apartado 3, compañía femenina).

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6.- Me gusta encontrar el lado positivo de las cosas. Sobre todo en los pequeños detalles, ese instante minúsculo de tiempo, esa luz que refleja en un momento dado en la superficie del mar. Estoy harto de pesimismo. Me gusta mirar hacia adelante, el pasado queda atrás. Además, he aprendido a quererme, a valorarme, he mejorado con los años y sé que eso es percibido por los demás, y eso es bueno.

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Seis cosas que no me gustan:

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1.- El orgullo, la prepotencia, la soberbia, la chulería, la falsa superioridad en la que creen estar algunos o algunas. Esa gente vale muy poco para mí.

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2.- El cotilleo malintencionado, la maledicencia, los comentarios hirientes referidos a terceras personas, que buscan hacer daño. La mayor parte de las veces obran por envidia. Por esas conductas innobles quedan retratadas ese tipo de personas.

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3.- No me gusta quien no sabe se fiel de pensamiento, palabra y obra. Hay que ser consecuente con lo que se dice y lo que se hace. Para mí, en la vida hay dos valores fundamentales para ir de frente: la palabra dada y tener lo que hay que tener (por no decir un par de…).

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4.- No me gusta, más bien no comprendo la falta de sentido del humor. Esas caras serias, ese tomárselo todo con cara de estreñido, como si el mundo girase alrededor del ombligo de uno. Hay que empezar por no tomarse a uno mismo demasiado en serio. A partir de ahí, la cuesta terrible de la vida se hace más llevadera.

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5.- No me gustan las modas impuestas artificialmente. Como admirador de la belleza que me considero, no me gusta que me digan lo que es hermoso y lo que no, lo que está bien o está pasado de moda. Creo tener suficiente criterio como para estar por encima de imposiciones borreguiles por parte de algunos que serán, en muchos casos, más bobos que yo (que ya es decir). En esto incluyo las palabras o frases de moda (amistad entrañable, poner en valor, montar el pollo…)

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6.- No me gusta el sectarismo, en ninguno de los sentidos, porque se anteponen al sentido común, al criterio propio, a la propia cultura adquirida por cada uno. Tengo la sensación de que ya no se puede hablar de determinados temas como antes. Hay una terrible falta de talla intelectual, se habla a partir de frases hechas, eslóganes de tres al cuarto, pura demagogia barata. No es para mí. Cuando alguien me quiere buscar en ciertos temas, directamente lo eludo si veo que carece de altura para mantener una conversación mínimamente cualificada.

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Y lo que echo mucho, muchísimo de menos: los amigos verdaderos, que ya no están. Esas conversaciones de horas y horas en interminables madrugadas donde diseccionábamos lo divino y lo humano, nos reíamos, aguzábamos nuestro ingenio hasta límites tremebundos. Sólo me queda una amiga de verdad, y la fuerza de mi imaginación, que no es poca, pero a veces noto que aquéllos momentos pasados me faltan.

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Esta vez creo que no voy a nominar a nadie en concreto, sino a todos en general, porque lo paso fatal, siempre da la impresión que me dejo a alguien en el tintero, cuando ya es demasiado tarde y ya está el post en el aire.

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Por eso os invito a quienes no lo hayáis hecho a realizarlo, a ver si nos vamos conociendo un poquito más todos los que aquí habitamos.

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Abrazos y besos, y perdón por el rollo, pero yo soy así.

Carlos.

30 Septiembre 2008

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Bien, mis buenos amigos, al fin salió mi Alejandro este lunes del hospital. Ahora está en casita, tumbado como el Maharajá de Kapurthala, entre 32 cojines, porque no puede estar sentado, con más agujeros en la tripa que mi cuenta corriente, comiendo en su bandeja de patas extensibles sopitas, zumos varios y cosillas así para no provocar demasiado a su recién estrenado tracto digestivo y que se le pueda declarar en rebeldía.

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Vuelvo a tener noción de la noche y el día, porque estos 7 días me levantaba a las 6, me iba al hospital y regresaba a las 10, cenaba y al sobre, con lo que me enteraba de bien poco, tan sólo de que ha llovido mucho, de que comer a base de bocadillos envasados al vacío durante varios días es la antesala de coger el escorbuto, que me he dejado un par de kilos por ahí perdidos entre los pasillos y salas hospitalarias, que no tengo prisa en recuperar, y que cuando es un niño el que está convaleciente, el trato que se le dispensa es EXCEPCIONAL, con mayúsculas, por parte de todos los profesionales sanitarios. A todos ellos, gracias de corazón. Las enfermeras son un amor TODAS, sin excepción. (y lindas, por cierto).

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Una vez comunicado que todo marcha lentito, pero bien, como debe ser, una pregunta se ha adueñado de mi imaginativa mente ¿Cómo hubiese sido todo si hubiese recurrido a la sanidad privada?

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Golpeado por las dudas, decidí hacer una investigación en profundidad en una serie de clínicas y hospitales de la Región, para establecer unos análisis comparativos pertinentes, que me facilitasen tomar una decisión, si volvía a producirse (Dios quiera que no), entre elegir entre la sanidad que todos pagamos y esa que se costea cada cual de su propio bolsillo.

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Así, penetré en el aseo de caballeros (eufemismo para llamar a una especie de pocilga donde se hacen las necesidades corporales) como Carlos, abnegado y aguerrido padre de familia, ciudadano normal, un ser anónimo más que conforma nuestro entramado social, y salí convertido en el genial, único, irrepetible y extraordinariamente modesto investigador criminológico Charles Negriblanquison.

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Así que encaminé mis egregios y elegantes pasos, con donosura y naturalidad hacia la primera de las clínicas privadas objeto de mi investigación.

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Disfrazado hábilmente de enano tirolés con traje de bombero (para pasar inadvertido), me dirigí a la primera área de investigación.

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En una zona distinguida de la ciudad, un elegante rótulo rezaba: “Centro Médico Internacional Especializado en Problemas de Visión”.

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Con un subrótulo: “Su vista es nuestra preocupación. Devolver la luz a su vida es nuestro objetivo”.

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Y aún más abajo, con letras del tamaño de un hipopótamo: “Somos el primer centro a nivel mundial donde hacemos trasplantes de ojos”.

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Me quedé de piedra. Ignoraba que tal operación pudiera llevarse a cabo ¿Cómo es que los telediarios no habían informado de ello? La duda laceraba mi entendimiento. Debía descifrar el porqué.

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Echaría un vistazo al centro oftalmológico de marras. Siempre puede ser útil. Tal vez en un futuro algún familiar, o yo mismo, necesitase tal trasplante.

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El interior, sin embargo, no era tan lujoso. Una vieja desdentada me señaló un cuartucho donde se hacinaban varios futuros pacientes. Al poco rato se abrió la puerta. Un individuo de mediana edad salió con un parche cubriendo un ojo.

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¡No resisto la tentación de quitármelo! Dijo nervioso. Y se colocó ante un espejo, levantó la telilla que cubría su ojo y para su sorpresa descubrió que ¡¡LE HABÍAN PUESTO UN OJO DEL CULO!!.

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Ya me extrañaba a mí. Demasiado bonito para ser verdad. Bordeaba la ley, porque nunca especificó a qué ojo se refería. El que el médico de nombre Mustafá Zineroso, argelino-uruguayo, propietario de la clínica, obtuviese el título en la Universidad de Villagarbanzos del Cocido Empachoso, debería haberme puesto sobre aviso.

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Así que descarte esa clínica, encaminándome al siguiente centro médico de mi lista. Esta vez mi traje de jorobado escocés con orquitis fue ideal para penetrar en el siguiente centro médico. Este se llama “Corporación Pellejo Estetita”. Entré discretamente, a ver si podía captar alguna conversación. En estos centros de cirugía estética y plástica se puede uno encontrar sorpresas. Y vaya si me las encontré.

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Una chica, muy atractiva ella, pero con una anatomía a nivel de la zona torácica realmente extraña, llegó exigiendo que el doctor reparase el desaguisado que le había hecho. Salió el doctor, Amaranto Raja Mones, y le dijo que pasase por su consulta en 5 minutos, que el iría cuando acabase una intervención.

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Ni corto ni perezoso, me introduje en su despacho sin ser visto, y me oculté tras una delicada y preciosa figura de alabastro que representaba a dos morsas árticas albinas gigantes copulando bajo una aurora boreal.

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Al poco entró la paciente, de nombre María Mercedes Latón Tadelculo. Le espetó al doctor Amaranto (cuyo título académico estaba escrito a lápiz, que curioso):

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Sr. Doctor, Yo le dije que quería tener muchas más tetas.

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Bien, señorita – contestó - ¿Dónde está el problema? ¿No tiene más?

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Claro, pero me refería a volumen. Ahora tengo 7 tetas. Y desvistiéndose, mostró un torso que parecía un anuncio de “Lecherías Pepito, leche, yogurt y quesitos”. Madre mía, que empanada mental de tetas.

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Ante tal hazaña quirúrgica, me largué de ese antro de chapuceros cuando pude, buscando mi siguiente clínica. (Ahora camuflado como capador de iguanas gigantes).

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Al rato llegué frente a un pequeño hospital, denominado pomposamente “ A TUS COMPLEJOS PON COTO: OPERAMOS DEL PENE Y DEL ESCROTO”.

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Traspasé el umbral. Es un tipo de clínica que no necesito, obviamente, pero bueno, tal vez para recomendar a algún amigo…

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Observando el panorama y contemplando los títulos expuestos en la pared (Todos de la Universidad de Antananarivo, en Madagascar), entró un individuo con aspecto de estar necesitado. ¿Dónde está el doctor? Decía. Una linda enfermera lo tranquilizó y le hizo sentar. Cinco minutos después salió el galeno, un mulato con el pelo teñido en malva.

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Doctor – le dijo el azorado paciente – quiero que el miembro me llegue lo más abajo posible, estoy harto de no dar la talla, ¿Podrá hacerlo?

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Por supuesto -le respondió-, en un par de horas su pene barrerá el suelo y las baldosas del suelo le harán cosquillas en sus cataplines.

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¿Y no hará falta largos, costosos y dolorosos tratamientos de alargamiento de pene y….?

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Quite, quite – respondió el doctor N’gme Sokonka Pullo Ghrande- mi sistema es rápido y sencillo.

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A las 3 horas, el paciente salió del quirófano. Recuperado de la anestesia, el doctor le dijo: Ahora verá como mis palabras son ciertas. Lo bajó de la camilla y lo dejó en el suelo. El paciente parecía un hobbit por la altura, porque LE HABÍAN CORTADO LAS PIERNAS

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¿Ve? Dijo el médico entusiasmado. Ahora su pene le arrastra por el suelo. No dirá que no he hecho bien mi trabajo.

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Anonadado, abandoné ese inmundo hospital. Ya había visto suficiente, aunque accidentalmente pasé por la clínica “Hermanos Garañones, cosidos y costurones”. Justo ante mi entraba un hombre que casi no podía caminar. ¿Podría ayudarme? – Me dijo- Tengo una enfermedad muscular en las piernas, y necesito que me operen de los gemelos, para poder volver a caminar con normalidad.

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Le explicó a uno de los hermanos cirujanos, Abundio Garañones, que su problema eran los gemelos. Y ni corto ni perezoso, lo tumbó en una camilla y lo envió directo al quirófano.

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A la hora, este “cirujano” se me acercó preguntándome ¿Es usted familiar del paciente? Pues no, pero dígame que ha pasado.

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Pues verá usted – me respondió – le hemos hecho la cesárea, y por más que hemos buscado, no hemos hallado ni rastro de los gemelos ¿Sabe usted si pudo haber abortado espontáneamente?

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A partir de ahí, mis dudas se disiparon. Aunque haya saturación, listas de espera, se pierdan radiografías por docenas, vengas con dolor abdominal y te realicen las ecografías en el sobaco, se cometan errores de vez en cuando, me quedo cien veces con la sanidad pública. Después de mi labor de investigación, la sanidad privada para quien la quiera.

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Un gran saludo a todos, besos a las lindas damas, y me tenéis a vuestra entera disposición cuando queráis disipar cualquier duda sobre alguna duda que os atenace y os atormente el alma.

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CARLOS.

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23 Septiembre 2008

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Antes que nada, sirva este modesto post para felicitar DE CORAZÓN a toda la buena gente que se ha preocupado, que me ha dado ánimos, que me ha apoyado en unos momentos regulares, porque lo que le pasa a un hijo lo sufrimos cien veces los padres.

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Bien, lo primero y más importante: LA OPERACIÓN HA SALIDO PERFECTA, según palabras textuales del cirujano que lo operó.

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Ahora os relataré un poquito la epopeya familiar:

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Primero el madrugón, las 6 de la mañana, para estar a las 7,30 en la puerta de urgencias. Suben a mi Alex a planta en seguida, le ponen el pijama azul, cortito por arriba y arrastrando por abajo, le ponen la vía, y a esperar junto a nosotros.

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Aparece el celador con la camilla: “vamos macho, sube en mi taxi”. Momento en que aparecen los payasos saliendo del ascensor: Perdonen ¿Esto es el Mercadona?. La verdad es que son fenomenales. Entran con él al quirófano.

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Nos llama el anestesista. Dice que es una anestesia “no convencional”, porque las hernias de hiato en niño son muy delicadas. No garantiza su fiabilidad al 100%. Si así fuera, habría que parar la intervención y ver que se hace. Primer acojone.

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A los 15 minutos nos llama el cirujano. Esta vez no falta material. La operación será muy larga, y además, por los problemas de la anestesia, una vez dormido en la mesa de operaciones, hay que esperar una hora o más hasta que las constantes lo dejen totalmente estabilizado. Segundo acojone.

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En fin, que a las 9 comienza la espera. Y el que espera desespera.

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INCISO: NOTA REAL Y SURREALISTA

Sobre las 09,30, se oyen unos gritos espantosos. En una cunita entra un bebé diminuto de unos pocos días, con cuatro gitanos detrás gritando.

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A las 09,45, por ósmosis inversa, ya son 8 los gitanos. Empiezan a reproducirse como los gremlims.

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A las 10,15, cuento 11. Van llegando los primeros primos.

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A las 10,30, cuento 14. Empieza a llegar la tercera edad gitana, llorando como Magdalenas a los pies de Cristo.

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A las 10,45 Son 18. El suelo comienza a alfombrarse de papeles, bolsas de frutos secos y patatas fritas, de chicles… Parece un documental sobre esos que padecen el “Síndrome de Diógenes”

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A las 11 son 20. Llegan los parientes ricos. Con más oro que la reserva federal americana y trajes más brillantes que el suelo de “Don Limpio”.

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A las 11,30 llega el patriarca. Pega cuatro gritos diciendo “Somos personas y no cerdos, recoger la mierda del suelo ahora mismo”, mientras agita su garrota negra. En 1,5 segundos el suelo está impoluto, se ve reflejado en él hasta la etiqueta de las bragas.

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A las 12 ya son 26. Si alguien ha visto la imagen de la muerte de Aquiles en “Troya”, es una tontería sin importancia al lado de esto.

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A las 12,30 sale el bebé. Era una operación de corazón, y ha sido un éxito. Son 29 gitanos. Cuando sale el cirujano, lo estrujan y casi lo machacan de tanto achuchón. El patriarca sentencia: “Señor doctor eminencia, muchas gracias, aquí nos tiene para lo que le haga falta. Díganos donde vive, que esta Navidad no le faltaran jamones ni lo que usted pida por su boca”

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FIN DEL DRAMÁTICO Y ABSOLUTAMENTE REAL INCISO

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CONTINUACIÓN DE LA INTERVENCIÓN DE MI ALEJANDRO:

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Al fin sale, a la 2,15. Han sido casi 5 horas. Después, una hora de reanimación, y pasadas las 3 lo llevan a la habitación. Allí, al vernos, el pobre que es tan duro de pelar, se echa a llorar como una magdalena. Le duelo horrores el cuello y los hombros de las horas inmóvil, y la garganta del tubo de la anestesia. La cirugía laparoscópica ha necesitado no de 3, sino de ¡6! Agujeros alrededor de su estómago. Tiene restos de betadine por todas partes, además lleva puesta la sonda nasogástrica y un par de sueros. Está blanco como la pared y no le sale la voz, sólo unas lágrimas que queman.

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Mi Nena y mi suegra rompen a llorar, y yo tomo su brazo, y trato por todos los medios de contener mi emoción. Tengo un nudo que me oprime la garganta y me ahoga. Ahora mismo estoy llorando sólo de recordarlo. No se puede narrar con palabras lo que se sufre al ver un hijo así, es tremendo.

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Como lleva tanto suero en el cuerpo, debe hacer pis para expulsar la anestesia. No puede, y tiene la vejiga hinchadísima. La enfermera llega con una sonda uretral, y le digo: “Espere, por favor, déjeme a mí”. Y comienzo a apretar poco a poco su vejiga, con una esponja húmeda mojo sus partes, le escuece horrores orinar, pero yo, como buen cabezón que soy, sigo dale que te dale, hasta que al fin orina. Sólo unas gotitas, no es bastante, y además llora porque le duele horrores. Así que sigo, empapo su frente, sus muñecas, le sigo apretando la vejiga, le cojo su pito y lo pongo en su recipiente y le digo: “Venga, Alex, que no te meterán más tubos porque a mí no me da la gana” y al fin lo consigue. Echa muchísimo pis, y el pobre se queda exhausto, pero relajado.

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Y así lo he dejado con su mamá en el hospi, con goteros con antibióticos, nolotil para el dolor y un relajante muscular para que duerma. Espero que mañana le puedan quitar la puta sonda nasogástrica y el pobre empiece a comer, que lleva 24 horas sin probar bocado.

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En fin, que ha sufrido bastante, los demás también, pero lo importante, que es el desarrollo de la operación al parecer ha ido fenomenal, casi no expulsa sangre por la sonda y de momento no hay síntomas de infección.

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Ahora, a recuperarse prontito, que son muchos años con la calidad de vida mermada.

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Bueno, por ahora esto es todo. Gracias de antemano por soportar el rollete.

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Besos y abrazos.

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Carlos.

18 Septiembre 2008

JODIDO Y CABREADO

JODIDO Y CABREADO

Antes que nada daros LAS GRACIAS, DE CORAZÓN a todos los que os habéis preocupado, a la vez que dado ánimos, para que mi Alejandro saliese bien de la operación. Me gustaría hacer mención de KILIFY, que tiene un corazón tan grande como lo bonita que es (que ya es difícil).

Os contaré: NO HA HABIDO OPERACIÓN.

El día del ingreso, el martes 16, después de comer, le dijimos al bambino que nos íbamos a las 5 al hospital, porque ingresaba a las 6 ¿Para qué decírselo antes? Creo que hicimos bien. Tras las lágrimas de rigor, dejamos a su hermano mayor, con su petate correspondiente, en casa de unos abuelos, y con una maleta para la mamá y el niño, allí que nos fuimos.

Lo subieron enseguida a planta, le hicieron el preoperatorio (lo pesaron, midieron, tomaron la tensión, un electro, analítica de sangre tras cinco pinchazos, porque no encontraban la vena, y dos vías abiertas, una en cada brazo.

Me fui de noche, dejando a madre e hijo juntitos. Como es lógico, yo no dormí casi nada, y ellos tampoco, porque ya sabéis como son las noches en los hospitales. Estaban en la misma habitación tres niños más, entre ellos un bebé de año y medio que se había roto los tendones y arterias de ambas muñecas en un accidente casero, y toda la noche estuvo llorando.

Por la mañana ya estaba a las 7,30 en el hospi. Las enfermeras echaron a todos los acompañantes, momento que aproveché para entrar. Le di ánimos a mi peque, tomé su mano, estaba blanco de miedo, con un brazo hecho un Cristo por los intentos vanos de sacarle sangre.

Llega una enfermera y me dice: “Tiene que dejar la habitación”. Le respondo: “Claro” y sigo sentado como si tal cosa. Después llega una auxiliar haciendo camas y me dice: “estoy limpiando”. Y le digo: “Hace usted muy bien. Así me gusta”. Después pasa un médico y me dice: “los familiares deben salir”. “Ya lo sé”, le digo, y sigo con mi mano cogido a mi hijo. Con dos cojones.

Al fin llega el celador. Es cerca de las nueve. Le ayudo a quitar el mar de enchufes y voy con él y mi muchacho. Salimos de la sala y pasamos junto a los asientos que hay en la entrada a quirófanos. Están mi Nena, a la cual se le escapan lagrimones como puños, mi suegra y mi hermano. Todos le dan besos y le desean suerte. Y se cierran las puertas.

A los 5 minutos nos llaman. Es el cirujano-jefe el que va a hacer la operación. Nos la explica por enésima vez, serán 4 ó 5 horas, habrá que sustituir la válvula pilórica, parte del esófago, arreglar el estómago y blabla. Firmamos la autorización y nos toca esperar.

A los pocos minutos, vemos a cirujanos, enfermeras, celadores, que salen del quirófano, que entran, y todos apresurados.

Están 3 niños en la antesala, entre ellos el mío. Les han aplicado una preanestesia con mascarilla. No están dormidos, pero casi. Los payasos los acompañan en todo momento. Nunca podré agradecerles lo bastante la maravillosa labor que realizan. Les llenan la cama de globos con formas de animales, con flores de plástico, con juguetes.

Y llaman: familiares de Alejandro, pasen a la antesala del quirófano….

En ese momento estoy sólo, las damas han ido al aseo. Y me explica: esta mañana no van a haber operaciones. Justo al empezar las intervenciones, y abrir el material de cirugía, teóricamente preparado, descubren que varias piezas no se ajustan a lo indicado. En concreto, las agujas para hacer la sutura laparoscópica no son correctas, son de un calibre estándar, y pueden dejar cicatrices grandes en la intervención, unas grapas que necesita otro niño no son correctas….un desastre.

Buscan el material por los almacenes, llaman a otros hospitales…pero nada, porque es material para cirugía pediátrica.

Los padres nos indignamos. Llega el cirujano-jefe y nos pide mil disculpas, que no sabe como ha podido suceder, pero que como es lógico no puede operar sin las condiciones óptimas. “lo siento, lo siento, lo siento…” No acertaba a decir otra frase el individuo, pero a mi me resbala (por no decir que me la suda). Se supone que debe (o debería) ser un profesional y no permitir que sucedieran determinadas cosas.

Así que me emplaza para este martes 23, sin preoperatorio, como es lógico, y me asegura que a las 8,30 lo operará. Estoy mosqueadísimo, pero callo, porque es él quien lo operará, y no quiero decirle nada, hasta que no salga mi hijo en condiciones de la operación. Entonces hablaremos. La denuncia, la reclamación y la queja ya las tengo listas, entonces veremos.

Se llevan a Alex otra vez a la habitación. Son las 10 y media y dicen que debe estar en observación hasta la una. Les responde muy elegantemente “Y una mierda”. Ya se le pasará la anestesia en casa. Y llamo a un enfermero para que le quite las dos vías. Y me dice “eso debe autorizarlo el médico”. ¿Qué médico?, le respondo ¿Ese que no tenía listo el material para hacer la intervención? El chico agacha la cabeza y le quita las agujas.

Medio adormilado, dice que porqué no lo operan de una vez. Y delante del médico de planta respondo “porque hay una panda de inútiles que no saben hacer su trabajo. Porque parece increíble y tercermundista que para una operación programada desde hace cuatro meses no tengan el material quirúrgico comprobado y preparado”.

Y en esas estoy, más cabreado que un mono con paperas, esperando otra vez al martes para que todo acabe, con una noche desperdiciada, mi hijo acribillado, los turnos de trabajo vueltos a cambiar, otra consulta de mi hijo cambiada…un desastre.

Así que, buenos amigos y amigas, esperaré a que se me pase el cabreo y que estos 5 días pasen muy muy rápidos, y que todo acabe ya.

Un abrazo y muchos besos.

Carlos.

9 Septiembre 2008

Recapitularé los hechos:

Un hombre, posiblemente varón, masculino, macho machote, de edad adulta, ha sido asesinado hasta dejarlo muerto y sin vida. La muerte se la ha producido una terrorífica pupita que le ha erosionado un codo.

Existen diversas variables, puestas hábilmente por la prodigiosa mente criminal que ha perpetrado tal crimen, con la intención de desviar la atención de cualquier criminólogo ingenuo, pero ignora, infelice de él, que yo, el mayor genio de la investigación de homicidios de la edad contemporánea, no me dejaré llevar por los cantos de sirena que me quieren arrostrar hacia una costa plagada de arrecifes de mentiras y falsedades.

Conozco a la perfección estas mentes emponzoñadas, llenas de una viscosa capa de maldad que nublan sus actos. Desde que a la tierna edad de 7 años, mi bicicleta con ruedines fue víctima de un criminal sabotaje perpetrado por el vil Vincent G. Arrullo, de 6 años, consumido por la más abyecta envidia al no poseer tal preciado velocípedo. El mentado infante psicópata aflojó el tercer tornillo del ruedín derecho, y bajando a toda velocidad (7,2 Km/h) por Zarzaparrilla Avenue, camino de la tienda del honrado Bob Halicon, se produjo la inevitable secuencia dramática:

La rueda se desprendió, la bicicleta se desequilibró, haciendo que saliese despedido, con tal virulencia que rodé cuan largo era a través del cálido asfalto. Mi cuerpo acabó dando contra unos cubos de basura, mientras que el vehículo, de sólo tres ruedas ahora, se estampaba contra una boca de riego, explotando en llamas. Mientras que el agua comenzó a manar, el humo y el fuego creaban una imagen dantesca, mientras los golfillos de la calle bailaban semidesnudos alrededor de la columna de agua y fuego en un apocalipsis de destrucción.

Y mis ojos, enturbiados por el humo, por el dolor del golpe y por el mareo de tantas vueltas, contemplaban los del joven aprendiz de asesino, inyectados en ira, con una sensación de venganza cumplida, de pequeño paranoico. A la vez que aventuraba para él un triste futuro, prometí que dedicaría mi existencia a convertirme en el mayor investigador en el campo del asesinato, del homicidio, del intento de sesgar vidas, todo ello conducido por mi superior intelecto y por mi mente preclara.

Así fue. Años después, el proyecto de criminal Vincent fue capturado tras cometer su tercer asesinato, el de William Fly Fly, el magnate de las compresas con alas. El muy ingenuo pidió clemencia al Gobernador del Estado, ignorando que en aquellos momentos dicho cargo lo ocupaba el ultrapacifista y amiguito de las soluciones dialogadas George Bush Jr, con lo que lo tuvo claro.

Ni que decir tiene que ese caso lo resolví yo, y momentos antes de ser ejecutado de la forma más terrible, a pellizcos, propinados por la Asociación de Larigectomizados de Wichita, pudo ver mi enemigo de la infancia mis ojos clavados en los suyos, diciéndole: “no hay crimen sin castigo”.

Ahora me encuentro en la morgue, con el cadáver ante mí. Todos esos indicios (cabeza abierta a hachazos, caja torácica despanzurrada, corazón fuera del cuerpo) me dijeron poco. Debía haber algo más.

Hurgando entre sus efectos personales, mis chicos encontraron dentro de sus bolsillos lo habitual: un pañuelo, la cartera, un monedero, un encendedor, un pastillero con pastillas Juanola (un remedio español de fama mundial, infalible contra la tos cojonera; evidentemente era un hombre con contactos), una navaja de 8 muelles, un palillo usado, un pequeño orangután de peluche, un ticket de lavado de su auto, un bombón a medio masticar, un cortaúñas, una reproducción a escala de un botijo visigótico de una antigua visita a Spain, una nariz de payaso ¿¿??, un yoyó, un bolígrafo, un lápiz, una goma, una pequeña calculadora, un teléfono móvil, una PDA, un analizador de glucosa, un podómetro y un tensiómetro. En definitiva, lo que cualquiera llevaría en sus bolsillos. ¡Nooo! Olvidé un pequeño detalle. Un envoltorio de un paquete de chicles sabor aguacate con jamón. ¡Qué casualidades tiene la vida! Es justo mi sabor favorito.

No había sospechosos. Ni su santa esposa (que heredaría su fortuna, 47 años más joven que él, y con el hobbie de dar hachazos), ni su vecino paralítico por culpa de una negligencia del finado, ni los miles de trabajadores despedidos sin motivo, ni los maridos engañados, ni los pobres diablos estafados por la víctima, ni los ancianos y huérfanos arrojados al arroyo… ninguno de ellos arrojaba luz suficiente sobre el crimen.

Decidí investigar por los alrededores. Eché mano al bolsillo en busca de un chicle sabor aguacate con jamón, mi preferido pero ¡horror! Se me habían acabado.

Justo ante mis ojos, apenas a un par de manzanas de la residencia de la inocente víctima, un cartel rezaba. “only one dollar”. En efecto, era un chino. En ese inmenso colmado, se expendían desde televisores de plasma y hemoglobina a cazuelas para cocinar sopa de foca; desde condones de tripa de canguro hasta servilletas de papel con la efigie de la Vicepresidenta del Gobierno de España, todo era posible encontrar allí.

Me acerqué a un dependiente. Era pálido, delgado, de cabello oscuro y lacio, ojos rasgados, tono de piel blanquecino, casi amarillento. Era evidente; no era guineano. Le pregunté de forma escueta: Escucha, pedazo de limón exprimido con patas (noté que se ponía tenso ¿porqué?), ¿Tienes chicles Boom Boom Plaf Plaf Gumma Gumma Chichi Chichi Cua Cua Bark Bark de sabor aguacate con jamón?

Sacó un paquete de debajo del mostrador. Su importe, contradiciendo el rótulo que daba nombre al establecimiento, era 1,05 $. Le di un billete de 20, esperando el cambio. Un temblor recorrió su cuerpo como si el huracán “Leopoldina” sacudiera con crueldad el algarrobo centenario de San Benito Cámela, en la misión franciscana de El Paso. Compulsivamente, me devolvió el cambio, entre rictus que hacían parecer su rostro un puro sarpullido purulento.

Automáticamente, tuve una corazonada. Llamé a mi médica forense favorita, la exuberante y sexy (aunque calva) Sofy Hambhres. Le pregunté lo que había en el interior del estómago del cadáver. Su respuesta me hizo dirigirme de nuevo a la tienda regentada por ese nervioso oriental.

¡Tú, Fumanchú de vía estrecha! Le dije con mi habitual tacto, ¿conoces a este fulano? Mientras que le mostraba una foto. No salía de su asombro, se quedó mudo.

¡Mierda! Le había enseñado la foto que me hice cuando iba a hacer el salto del tigre vestido en taparrabos de piel de conejo moteado sobre mi mujercita.

Rápidamente, le enseñé la foto correcta. Palideció (aunque era difícil percibir, los chinos son así).

¿Cuántas veces compraba chicle este hombre en tu tienda? ¡¡Responde!!

Pues…unas 15 o 20 veces.

En efecto, según el dictamen de la autopsia, engullía aproximadamente 1,5 kgs. Diarios de eses chicle. Era, básicamente, su alimentación (hay gente p’ató).

Y…¿Te daba justo los 1,05 $ o…cómo te pagaba?

Pues…….Y de repende el chino rompió a llorar desaforadamente.

Siempre me pagaba con billetes de 100$, por los menos 20 ó 30 veces al día. Y siempre tenía que darle el cambio. Me dejaba sin nada de calderilla en la caja. Todos los días igual. Además, se regocijaba viéndome buscar monedas como loco por todas partes, buscando en el fondo de mis bolsillos, en el de los demás compañeros, era insoportable. Un día que no tenía cambio, amenazó con denunciarme por tener a 175 compatriotas trabajando en un cuarto de baño fabricando zapatillas Nike auténticas. ¿Hacía yo mal a alguien con eso? El me obligó, tuve que hacerlo, tuve que hacerlo, tuve que…..

Basta ya, jodío charly (yo siempre tan encantador). No digas más, que todo lo que digas hará que la jodas aún más. Así que cierra el pico y llama a tu abogado, si es que tienes, jejeje (que delicado soy).

Esta mañana, la Jefa de Policía de la ciudad, Anitta Guenalajodía, me ha impuesto mi enésima condecoración. Mis hombres, Sofy, Elvis y Luigi, me contemplan embelesados. Quieren ser como yo. Y los comprendo. Pero nunca llegarán a tener mi incomparable modestia, además de mi inteligencia, mi carisma, mi don de gentes, mi habilidad deductiva y mi colección de orinales del barroco bávaro en miniatura.

Ahora, vuelvo a abrir la puerta situada a mis espaldas, en mi confortable despacho, y el rostro momificado de mi santo abuelo, Zebulón Chash de Bacon, me contempla a través de sus ojos de cristal. Juraría ¿O tal vez es efecto del titubeo de la luz de la lámpara? Que me ha dirigido un pequeño rictus de satisfacción. Desde luego, querido abuelito, puedes sentirte orgulloso. Tu estirpe nunca morirá.

Así que, queridos míos, si decidís seguir algún día la senda de la investigación criminal, si decidís que bucear entre las procelosas aguas del crimen y del horror es lo vuestro, no dudéis en seguir mis pasos, para que algún día podáis decir con orgullo que la resolución de cualquier crimen, por difícil que éste parezca, tan sólo pende de la disposición de vuestro cerebro, de vuestra mente analítica, para solucionarlo.

Perdonad, os tengo que dejar, acaban de comunicarme que un peluquero de caballeros pakistaní acaba de morir ahogado. Dicen que comenzó a beber agua de un botijo, y como desconocía el artilugio, no supo de qué forma pararlo y se asfixió. Parece rarito ¿Verdad? Ya mismo voy a investigar.

Besos y abrazos para todos.

Charles Negriblanquison.

6 Agosto 2008

¡Hola amigos!

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Cada día cuesta más publicar algo. En este caso, al estar mis meninges casi derretidas por el calor y pringosas por las mil cremas bronceadoras que todos los días me aplico con fruición, no puedo llegar más allá de una sencillita historia de verano. Totalmente verídica, como todo lo que escribo, sin la menor concesión a la fantasía, a la exageración o a la imaginación, pero echándole una “jartá” de humor, porque para temas serios, trascendentes, profundos…ya llegará el mes de septiembre, ése que está ahí cerquita y que parece que va ser primo hermano del Coco.

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Mientras tanto, os deseo de corazón un verano fantástico. Para los que veraneáis, que todo siga igual, o mejor si es posible. Para los humildes y pobrecitos mortales que continuamos de guardia en el campamento, pues eso, a seguir con vosotros, con esos despistados que tenéis la paciencia de soportarme.

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Un abrazo masculino y una lluvia de besos a las lindas féminas.

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Carlos.

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C.S.I. (a la Ibérica)

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Me llamo Negriblanquison, Charles, y soy Coordinador-Jefe del prestigioso Grupo C.S.I. (Criminólogos Súper Inteligentes), que además somos la mar de modestos y humildes todos.

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Sentado en el confortable sillón de piel de mi oficina, repasando fotografías de los más sórdidos asesinatos perpetrados por psicópatas vietnamitas tartamudos, recibo la visita de la encantadora forense Sofy, Sofy Hambhres, así como del detective Elvis, Elvis Cerash.

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Chuck – es como coloquialmente me llama Elvis- tenemos un caso candente. El Fiscal del Distrito, Ronal Gascalientes nos ha hecho llamar. Al parecer, es un suceso confuso, donde nuestra experiencia puede ser vital para resolver este acertijo.

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Rápidamente, cojo mi pequeño maletín que, para una primera observación, me puede ser de gran utilidad e introduzco el instrumental básico: Una lupa, guantes asépticos, tubos de muestras, un microscopio portátil, un mechero bunsen, un pequeño ordenador personal, una PDA, un analizador de fluidos, un cromatógrafo de gases, un analizador de sangre, mi imagen bendecida de la Virgen del Consuelo, una pequeña fotocopiadora con fax incorporado, cuatro cuadernos de apuntes en diferentes colores, un juego de bolígrafos para cristal y plástico, lápices, gomas, una bata de fieltro desechable, una mascarilla anti gases, un medidor láser, unas gafas de visión nocturna, una pequeña cámara de vacío, dos máquinas digitales, un cronómetro, un taburete plegable, un paraguas por si llueve, una foto de la familia con marco de plata, un bonsai para hacer bonito y, como algo básico, mi bocadillo de mortadela y la botella de gaseosa, que a media mañana me entra un hambre de muerte.

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Con estas cuatro cositas, me encamino junto a mis ayudantes al vehículo. Ahí me espera mi joven aprendiz, el italo-americano Luigi Tortellini Carbonara, al cual estoy enseñando para que sea en un futuro tan bueno como yo (algo improbable, por otra parte). No todos pueden ser tan perfectos ni tan increíblemente modestos como yo.

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Son las 09.33’54’’. Llegamos al lugar del suceso. Allí, en el suelo, yace un individuo. Es identificado como William Vicioso. Tiene la cabeza abierta de dos en dos, como una sandía, con un hacha en el centro, dividiendo ambas mitades. Su caja torácica está abierta, y el corazón está fuera, a un par de metros. Además, tiene una pupita en un codo.

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Bien –dice Amely Hanta- la sabuesa de homicidios, ¿Qué nos puedes decir?

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Verás – comienzo a impartir mi clase magistral – tras comprobar el estado del corazón (ese que está a un par de metros del cuerpo), su aliento, el brillo del iris de los ojos y, como colofón, darle tres patadas en los cojones y ver que no reacciona, puedo dictaminar que el individuo, un varón caucásico de entre 14 y 90 años, de raza no negra y que viste fatal, se haya en un estado de ausencia permanente de vida.

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¿Quieres decir…? –Pregunta asombrada por mi sapiencia Sofy Hambhres- ¿Qué tal vez esté muerto?

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Tal vez no, con total seguridad – respondo con mi habitual maestría.

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Los miembros ahí presentes de los S.W.A.T, la C.I.A., el F.B.I., la Interpol y la Asociación de Amigos del Punto de Cruz se quedan impactados ante mi demostración de conocimientos, mi catequesis continua de saber.

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Por ello, animado ante el ambiente favorable, me aventuro a seguir determinando circunstancias del deceso:

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Según las marcas, el sujeto recibió 37 hachazos en la cabeza. Al resistirse, con un cuchillo de destripar gorrinos le fue arrancado el corazón de cuajo. La causa probable de la muerte fue la caída al suelo, donde al rasparse con un tapón de cerveza oxidado, se hizo la pupita del codo que se aprecia. Tanto dolor le produjo la inevitable parada cardiaca.

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Todos asintieron. Mis dictámenes siempre son concluyentes. Aunque una pregunta flotaba en el ambiente: ¿Quién empuño el hacha y quien blandió el cuchillo que se introdujo en el pecho de la víctima?

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Pregunté a Amely acerca de los familiares del finado. Me indicó que estaba casado, así que me encaminé a la dirección de la viuda. Esperaba que la policía hubiese dado esa trágica noticia por mí, no quería ser el mensajero de tan doloroso mensaje.

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Llegué a la casa, una hermosa vivienda en el cruce de CorridadeToros Drive con Borregón Street. Allí encontré a la viuda, en el jardín de casa, practicando su afición favorita: cortar troncos de eucalipto con enormes hachas con hoja de acero toledano. Curiosamente, el mismo modelo que el se encontró en el lugar del crimen, concretamente entre ambas mitades del cráneo de su difunto marido. Pero, en fin, no era momento de empezar a buscar remotas posibilidades.

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La esposa, una atractiva y joven mujer, extendió su encallecida mano, la cual estreché con frialdad. Se identificó como Naomi Cidha y se casó con su esposo, 47 años mayor que ella, sólo por amor, ignorante de su fortuna. Evidentemente, no tuve más remedio que creerla, su historia parecía totalmente veraz. Inspeccionando su domicilio, mientras ella me preparaba un exquisito combinado de Anís del Mono con vino peleón, admiré su colección de puñales, cuchillos, lanzas, pistolas, revólveres, fusiles, lanzallamas, bombas de mano, bazookas… y al lado de todas ellas, una foto de Naomi abrazada a un ganso. No cabía duda. ¡Era una pacifista, odiaba la violencia! Admirándome a mí mismo por mis increíbles dotes deductivas, me despedí de la anfitriona, la cual se había quedado bailando salsa en el salón mientras derramaba sobre su cuerpo una botella de Don Perignon. Se nota que estaba consumida por el dolor.

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Volví a mi despacho tras las pesquisas de la mañana. Allí, en la soledad propia de los muy intelectualmente dotados, me dirigí hacia el armario de puertas mallorquinas que tenía a mis espaldas. Abriendo la hoja izquierda, estaba como siempre.

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Era mi difunto abuelo, Zebulón Chash de Bacon, al cual embalsamé tras su fallecimiento, tal y como expreso en su lecho mortal, tras su espantosa y agónica muerte, accidental pero terrible. Resulta que preguntó a su mujer, mi abuelita, Angela Dhiyas, que como se preparaba el bacalao rebozado, a lo que ella respondió “tienes que meterlo en aceite hirviendo, con la cola en la boca, durante seis minutos”. Cuando le sacaron la cabeza de la sartén, a los cuatro minutos, su rostro estaba irreconocible. Eso sí, seguía con la cola del pescado bien agarrada entre sus dientes.

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Una vez recompuesto su rostro, su contemplación me sirve de inspiración. Yo le pregunto y a veces siento que me responde, y eso hace que mis prodigiosas neuronas, de él heredadas, se activen.

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Un rato después, Sofy, Elvis y Luigi me traen una ficha completa del difunto. Carecía de enemigos. Tan sólo había cerrado un par de empresas, dejando a un par de millares de trabajadores en la calle, se había quedado con el dinero de varias sociedades, dejándolas en bancarrota y a los socios arruinados; tenía media docena de hijos ilegítimos a los cuales se negaba a reconocer; les había comunicado hacía poco a sus tres hijos fruto de su primer matrimonio que iba a rehacer el testamento para desheredarlos, justo un día después de su extraña muerte; mediante influencias y sobornos, había mandado derribar una residencia de ancianos, un orfanato y un albergue de enfermos terminales sin recursos, para edificar en su lugar locales de alterne. En definitiva. ¿Quién querría matarlo? Era una muerte sin sentido, no encontraba conexiones por ningún lado, me hallaba perdido.

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Tuve que continuar la investigación. Los vecinos tampoco me pudieron aportar gran cosa. El que vivía enfrente, Armin Gafloja, el cual había perdido las dos piernas al ser arrollado por el deportivo de William, al dar éste marcha atrás y tras destrozar el jardín de su vecino, le seccionó las extremidades.

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Un vecino ideal este Will, pensé para mis adentros. Las pistas se diluyen ¿Quién o qué, cuál sería el móvil?.

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Esperaría a la mañana siguiente. Éste no sería el primer caso que dejase sin resolver. Seguro que no.

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C O N T I N U A R Á

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Soy Carlos. Soy de una pieza. He sobrevivido. No busquéis más, que no hay nada detrás. Soy lo que véis.

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